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Hace ya algunos años que llevo a mis nietos a
la escuela. Cuando llegamos un poco antes me siento unos minutos en la
escalera y con frecuencia se acercan algunos chicos y me ofrecen
golosinas. Entonces comienzo a hablar con ellos, les aconsejo a no ser
violentos , a respetar a sus padres y profesores. Me doy cuenta entonces
de todo lo que aprendemos en la casa de Dios, cuantos ejemplos quedaron
grabados en mi alma a través de los años en los que pude servir al
Señor en su casa como un Pastor. De estas enseñanzas reciben también
los alumnos de la escuela dominical. Estoy acostumbrado a decir a los
niños que a pesar del tiempo en el que vivimos, todavía sigue sucediendo
que cada nuevo día es como una página en blanco en la que se anotará lo
bueno y lo malo . Lo bueno lo escribirán aquellos alumnos que sean mansos,
obedientes , que estudian y se preocupan y lo malo lo anotarán aquellos
que no dan importancia al estudio. Cierta vez me di cuenta de que unos chicos
se burlaban de una profesora porque era mayor, y según ellos ya no
enseñaba bien. Entonces les conté el ejemplo de ese chico que quiso
humillar , con su maldad al profesor. Escondió un pajarito en su mano y preguntó si ese pajarito estaba vivo o muerto. Pero quien salió
avergonzado fue el niño al recibir la sabia respuesta: " Si cierras tu mano estará muerto,
si la abres estará vivo. Todo depende
de ti, mi alumno." Así, estos lindos encuentros con los niños
llegaron a los oídos de la dirección de la escuela y en una fiesta de
fin de año, tuve la sorpresa cuando me otorgaron la "medalla al
mérito" . Fue una alegría inmensa para mí, pero la mayor alegría
se producía por sentir que del archivo de mi corazón simplemente podía
extraer lo que me había sido colocado una vez, por la enseñanza de los
Apóstoles y de tantos siervos.
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